El tecnooptimismo es la creencia de que la tecnología es una fuerza motriz del progreso humano y de que puede resolver cualquier problema.
Esta creencia suele partir de la premisa de que la innovación por sí sola puede resolver los retos climáticos. No hay que buscar mucho para encontrar un ejemplo de ello en la actualidad informativa. Tomemos como ejemplo los aditivos alimentarios que reducen las emisiones de metano, como Bovaer™. Estos han dado resultados prometedores en los ensayos, pero se enfrentan a una considerable oposición por parte de los consumidores.
Esto pone de manifiesto un reto más amplio: la adopción de la tecnología no es solo una cuestión de disponibilidad, sino de adecuación a los valores, hábitos y sistemas humanos. La estrategia climática del Gobierno británico suele reflejar esta mentalidad tecno-optimista, al centrarse en gran medida en herramientas como las energías renovables, la captura de carbono y los vehículos eléctricos, mientras deja de lado la importancia del cambio de comportamiento.
El impulso del Reino Unido para cumplir los objetivos de vehículos de cero emisiones (ZEV) es un ejemplo de ello. El Gobierno exige que el 22 % de las ventas de coches nuevos sean de cero emisiones para 2024 y el 100 % para 2035. Esto ha dado lugar a un excedente de vehículos eléctricos, ya que la producción supera a la demanda, incluso con las rebajas de precios. Este exceso de oferta ha desplomado el valor de los vehículos eléctricos de segunda mano, y algunos modelos han perdido hasta el 50 % de su valor en un año, debido a los rápidos avances tecnológicos, las preocupaciones sobre las baterías y la limitada infraestructura de recarga.
Esto pone de manifiesto que, para avanzar en materia de sostenibilidad, es necesario prestar tanta atención a la comprensión y la influencia del comportamiento humano como al avance tecnológico.
Si bien estos retos ponen de manifiesto los límites de ciertas innovaciones, algunas tecnologías ofrecen situaciones en las que todas las partes salen ganando, con beneficios inmediatos, especialmente en sectores como la ganadería lechera.
La inteligencia artificial (IA) ofrece herramientas que no solo mejoran la productividad y la sostenibilidad, sino que también potencian la toma de decisiones humana, permitiendo a los ganaderos, los consumidores y los responsables políticos tomar las decisiones que ya desean tomar, de forma más eficiente, eficaz y con mayor confianza. Mediante una aplicación estratégica de la IA, el sector lácteo puede potenciar sus ya impresionantes avances medioambientales, al tiempo que mejora aún más la productividad.
Aplicaciones claras de la IA en la ganadería lechera
Mejora del seguimiento de la salud
Los sistemas de inteligencia artificial detectan enfermedades como la mastitis y la cojera en una fase temprana, lo que reduce las pérdidas de productividad y la necesidad de tratamientos intensivos. Las vacas más sanas son más eficientes, ya que producen la misma cantidad de leche con menos pienso, lo que reduce las emisiones de metano por litro de leche. La detección precoz también minimiza el uso de antibióticos, lo que contribuye a los objetivos de sostenibilidad.
Monitorización del BCS
Las herramientas automatizadas de control del estado corporal (BCS), como CattleEye, optimizan las estrategias de alimentación al garantizar que las vacas mantengan un estado corporal ideal. Una alimentación eficiente reduce la sobrealimentación, lo que se traduce en menores emisiones de metano procedentes de la digestión y los residuos. Además, las vacas sanas padecen menos trastornos metabólicos, lo que mejora la productividad y reduce las emisiones a lo largo de la vida de cada vaca.
Alimentación de precisión
Las raciones personalizadas mediante IA están diseñadas para satisfacer las necesidades nutricionales específicas de las vacas, mejorando la eficiencia en la conversión alimenticia. Esto reduce el desperdicio de pienso y optimiza la digestión, lo que disminuye las emisiones de metano entérico y las emisiones de óxido nitroso procedentes del estiércol.
Cuando se combina con el seguimiento del BCS, la alimentación de precisión puede resultar aún más eficaz. Al adaptar las raciones en función de los datos del BCS en tiempo real, los ganaderos pueden optimizar la ingesta energética de cada vaca o de grupos de vacas. Este enfoque garantiza que las vacas con un estado corporal insuficiente recuperen su peso ideal de forma eficaz, mientras que las vacas con un estado corporal excesivo evitan una ingesta energética excesiva, lo que reduce aún más las emisiones de metano y el desperdicio de pienso.
Más allá del optimismo tecnológico
La inteligencia artificial ofrece al sector lácteo una oportunidad única para superar los escollos del optimismo tecnológico, al combinar la innovación con conocimientos prácticos y aplicables al mundo real. De este modo, los ganaderos pueden lograr mejoras cuantificables en materia de productividad y sostenibilidad. En lugar de basarse únicamente en las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial está logrando integrar mejor los datos con el comportamiento.
De este modo, la tecnología permite llevar a cabo intervenciones específicas que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, al tiempo que refuerza adecuadamente la resiliencia a largo plazo del sector y su compromiso con el medio ambiente.